Retos de las universidades públicas mexicanas


En un agudo artículo publicado en 2006 en la revista Tiempo de Educar la Dra. en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana Leticia Heras Gómez ha reflexionado sobre aquellas áreas complejas que parecen estar entorpeciendo el desarrollo, consolidación o crecimiento de las universidades públicas mexicanas. La investigadora identifica dos ámbitos problemáticos. “Por un lado, la inadecuación entre la estructura académica y las necesidades actuales del avance del conocimiento; y por otra, el desfase entre la organización administrativa y de gobierno, frente a las nuevas políticas nacionales de educación superior”.

Dice el texto:

Es posible afirmar que serán social y científicamente viables aquellas instituciones públicas universitarias que abracen como horizonte una creciente participación en la generación del conocimiento o para decirlo más claro: aquellas que hagan investigación de primer nivel. Las universidades que continúen centrando sus esfuerzos materiales y humanos en la docencia y sigan integrando el nivel medio superior en su estructura tienen cada vez menos posibilidades de participar en la llamada sociedad del conocimiento, que en forma patente golpea ya las estructuras de muchas instituciones sociales en el mundo.

El conocimiento científico y tecnológico, a pesar de que puede ser generado en otros ámbitos, en la universidad se puede lograr no sólo con pertinencia y rigor científico, y en el caso de las universidades públicas mexicanas con un alto compromiso social. Ninguna universidad puede desatender la tarea.
Por otro lado, su carácter público les obliga a atender las políticas nacionales de educación superior, las cuales han venido cambiando fundamentalmente en relación con la distribución de los recursos. Los receptores son cada vez más los académicos y cada vez menos las instituciones. Y el criterio es evaluativo y no meritocrático.

El problema básico, desde el punto de vista del diseño institucional, es que las estructuras académico-administrativas y de gobierno no fueron creadas para encarar las responsabilidades que todo lo anterior representa. Sólo para apuntar algunas ideas preliminares:

–Deben desprenderse los estudios de bachillerato de los de licenciatura, pues ello liberaría recursos y orientaría esfuerzos hacia los niveles de licenciatura y posgrado.

–Debe apuntalarse, en recursos y prioridades, la función de la investigación para elevar la calidad académica de las universidades y sus profesores.

–Debe orientarse la investigación hacia la competencia a nivel internacional y debe abandonarse el sentido protocolario de la cooperación académica internacional.

–Debe sustituirse la docencia como transmisión de conocimientos, para pasar a la docencia generadora de conocimientos.

–Deben cambiarse las modalidades académicas de facultad y escuela por área del conocimiento, a las de departamentos interdisciplinarios.

–Debe cambiar el esquema de gobierno institucional de autoridades ejecutivas con alto poder de decisión vertical, a la reunión de cuerpos colegiados de orden académico, con un ejercicio del poder más horizontal. Evidentemente ello implicaría un cambio en la forma de elegir a las autoridades.

–Debe establecerse una política de educación superior que conjunte esfuerzos de las universidades y de los tres niveles de gobierno.

–Dicha política debe estar en consonancia con las tendencias y demandas actuales de la ciencia y la tecnología, pero sin descuidar las necesidades nacionales, regionales y locales de desarrollo.

Leer el artículo completo aquí.

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